sábado, 23 de mayo de 2009

Gracias

Eran demasiadas cosas las que rondaban mi cabeza. Presión que provenía de diferentes puntos al mismo tiempo, cada vez más intensos. Sentía la impotencia recorrer mi cuerpo. Ojalá pudiese hacer algo, quería hacer algo para que ese infierno nocturno al menos me dejara descansar tranquila. Pero no podía. Era una simple niña. Ni siquiera la ley había hecho nada en dos años. Entonces, ¿para qué se la quiere? ¿Para qué están esas personas que tienen que obligar a los ciudadanos a cumplir la ley? Cerré los ojos confusa. Cuando volvía a abrirlos, una luz blanca, fugaz y esperanzadora, iluminó la habitación durante breves milésimas de segundo. Dejé mi mirada fija a través del cristal durante unos instantes. Las voces de la gente llegaron a mí, torturándome más, pero entre ellas, pude escuchar la tímida voz de algo distinto. 
Sin embargo, pasaban los minutos. De vez en cuando la luz se abría paso entre las calles, tenuemente. Pero a pesar de todo, no se decidía. Por fin, cuando llevaba un rato mirando a través de la ventana y la impotencia era mayor, algo cambió. Los destellos de luz se hicieron más intensos, más continuos. A cada uno le seguía esa voz más cercana. El viento mecía los delgados árboles, y el frío entraba a través de los cristales abiertos. Sabía que eran ellos, por fin, por primera vez, era yo la que les llamaba. 
Miré indescriptiblemente a aquellos individuos que estaban en la acera. La impotencia se mezcló con cierta tranquilidad, transmitida por todos ellos. Pero aún no sabía si realmente eran o no. Pronuncié su nombre, el suyo, de quien quería realmente la ayuda, bajito y empañando el cristal.
Medio segundo después, el trueno retumbó, esta vez más fuerte que las anteriores y las que vendrían después, sonando casi a mi lado. Sonreí.
 
Por supuesto que todo esto es real, aunque también tiene su elemento fantástico ;). Lo que sí es cierto, es que, cuando pronuncié su nombre, recibí respuesta. Pero no solo suya, sino de todos. Y gracias a ellos, pude dormir bien. 
Creo que nunca me he sentido tan escuchada.

Un saludo.

1 comentario:

June Harmon Gibbs dijo...

Wow, que bonito.
Pero al final se solucionó todo y eso es lo bonito.
me ha encantado el relato. Sinceramente, no sé que más decirte.
Saludos!