viernes, 26 de junio de 2009

Las líneas del mar

Se sentía muy inspirado.

Apenas había amanecido. El cielo emitía débiles haces de luz que se filtraban entre las algodonosas nubes. Siempre había amado los cielos del amanecer, como si el nuevo día le trajera también nuevas emociones e ideas.

Por eso estaba tendido en la cama, con los ojos completamente abiertos.

Se sentó en su escritorio azul cielo. Situado enfrente de su cuadrada ventana casi podía tocar el mar, que reflejaba los rayos del Sol que comenzaba a aparecer en el horizonte, entre algodones. Agachó la cabeza sobre el papel, y con el pincel empapado de tinta negra lo posó sobre él.

Su muñeca giraba describiendo trazos delicados, suaves, armoniosos. El pincel parecía posarse débilmente sobre la lámina. Entonces comenzó lo que había esperado. Todo lo que estaba dibujando comenzaba a envolverle. Las dulces líneas lo rodeaban, acariciando su cara, sus brazos y sus piernas. Ya no existía la silla sobre la que se había sentado, el escritorio, su habitación. Ni siquiera el mar tras su ventana. Ya no dibujaba en el papel, sino al aire.

Las pinceladas estaban más vivas que nunca. Él se sentía más feliz que de costumbre. Pero entonces, cuando creía que aquello era inmejorable, un dulce olor salado lo embriagó por completo. Los trazos cobraron color y se convirtieron en agua azul verdosa cristalina y olas espumosas. Un curioso y anaranjado Sol apareció en el horizonte. Dos o tres nubecitas blancas salpicaron el cielo claro. Entonces comenzó a escuchar la vida de aquel paisaje que estaba dibujando. Era incapaz de creerlo, pero era cierto. El agua ya le mojaba las piernas con los pantalones arremangados sobre las rodillas. Era tan cálida…

Cerró los ojos, pero siguió trazando en el aire, feliz, emocionado. Cada vez sentía, olía, escuchaba y veía más cosas. Pero una voz se alzó sobre el chapotear de sus pies, de los peces que nadaban velozmente cerca de él y de las gaviotas que comenzaban a llegar.

Parpadeó velozmente y descubrió que su madre le esperaba apoyada en la puerta de su cuarto. No la había oído entrar. Con unas rápidas palabras la indicó que ya iba, cuando descubrió que debían haber pasado las horas del mediodía.

Miró atentamente a su dibujo acabado: era aquél paisaje. Ahora todo le sabía amargo. Pensar que lo que acababa de vivir había sido sólo su imaginación y que no podía hacer nada por volverlo a sentir.

Se levantó pesadamente, pero cuando apoyó sus delgados y descalzos pies sobre el suelo de madera, descubrió que estaba empapado hasta la rodilla.



7 comentarios:

Hoshi dijo...

Simplemente precioso.
Me encanta cómo has descrito los sentimientos, cómo has ido dándole vida al cuadro.
Y el final, perfecto.
Qué más decir, sencillamente me ha encantado.
Espero leer cosas tuyas más pronto.
PD: Se me olvidó decirlo en la anterior entrada, precioso el blog :D

Uka dijo...

=D Muchas gracias. Lo cierto es que me ha pasado algo parecido al chico del relato, y es que cuando estaba escribiéndolo, lo veía y escuchaba danzar con el pincel en la mano, y ni siquiera era consciente de la música que escuchaba en ese momento.
PD: Gracias

Natsu dijo...

Fascinante, mejor que muchos autores, casi nunca me había acercado tanto a un personaje ni había sentido la historia tan cerca.

Hoshi dijo...

Coincido con Natsu. Normalmente los escritores noveles les (permitidme la inmodestia de incluirme) ponemos mucha pasión a lo que escribimos (valga la redundancia).
A mí también me pasa eso de meterme en los personajes, acabo de escribir un relato de...¿terror? y estaba muerta de miedo mientras lo escribía...
Si es lo que digo, le ponemos toda la pasión de nuestro pequeño corazoncito escritor =)

Uka dijo...

Es cierto, porque cualquier signo de... digamos, arte o manifestación (?), cualquier cosa hecha por ti tiene que transmitir algo, llevar una parte de ti en la obra o lo que hayas hecho. Supongo que es así como funciona.


PD: Mal explicado pero yo me entiendo xD.

Momo dijo...

Wuoh, es muy bueno. Supongo que lo que te voy a decir a estas alturas no es nada nuevo, pero me he metido de lleno en la ¿visión? de este chaval.

Solo una cosilla:

Se sentó en su escritorio azul cielo, situado enfrente de su cuadrada ventana casi podía tocar el mar...

Quizás quedaría mejor si en lugar de una coma hubieses puesto un punto (entre cielo y situado) o si hubiese algún tipo de separación entre ventana y casi. Es que esa parte, por mucho que la relea, me sigue sonando rara (puedes matarme si quieres xD).

Uka dijo...

Tienes razón, queda raro, pero intentaba decir algo como:
Se sentó en su escritorio azul cielo, donde, situado enfrente de su cuadrada ventana, casi podía tocar el mar.

De todos modos veré cómo puedo cambiarlo, gracias =).