jueves, 2 de julio de 2009

Carta a Ismael: Los arco iris del tiempo

Todas las mañanas de verano, el Sol entraba por mi ventana, describiendo curiosos arcos de luz que, al incidir sobre el móvil de cristales que me regalaste, se dividía en diversos colores, permitiéndome el lujo de apreciar decenas de arco iris danzantes y cristalinos, en mi propia habitación. Entonces era cuando llegabas tú. Con un suave golpecito sobre el alféizar. Recuerdo cómo había veces que fingía estar dormida y, cuando asomabas la cabeza por la ventana, me levantaba súbitamente para asustarte.
Luego corríamos cerca del lago, y me contabas cientos de historias sobre batallas. He de confesar que mi interés por ellas era falso, y fingía que me interesaban, pero seguramente siempre lo has sabido. Prefería que me ayudases a completar mi cuaderno con hojas, tipos y curiosidades de plantas. Tampoco llegué a recordar si lo terminé alguna vez, pero aquellos momentos juntos, sentados sobre un árbol caído a causa de una lejana tormenta, o sobre un suelo llano, mientras señalabas a lo alto hablándome de naturaleza con sutiles alusiones a las guerras, no las cambiaría por nada.
Cuando quería darme cuenta, había pasado el mediodía y al volver a casa corriendo, tú me ayudabas a subir al pequeño tejado del porche a través del árbol centenario que se encontraba cerca de mi ventana. Después, te veía correr en dirección opuesta al lago. Siempre te volvías y sonreías. Entonces, mi madre solía desgarrar el momento con un grito, llamándome. Así que fingía empezar a vestirme, como si acabara de despertar. Supongo que por eso ahora tengo fama de dormilona.
Ay, mi querido Ismael, si aquél verano no hubiera sido el último. Si no hubieses subido al tren como por olvido, tal y como me dijiste, entre lágrimas, en la estación, después de nuestro primer y último beso. Ahora, todos los días, podríamos ir al lago y quizá hubiese terminado mi cuaderno, aunque seguramente habría empezado otro a fin de que pasáramos más tiempo juntos. Si hubieses podido permanecer a mi lado, ahora podría mirar por la ventana de mi antigua habitación sin sentirme encerrada.
A pesar de los años que han pasado, tengo la esperanza de que algún día vuelvas, porque a pesar de mi matrimonio, haría cualquier cosa por estar junto a ti, implique lo que implique.
Echo mucho de menos tus historias, tu sonrisa, tus ojos...
Ojalá me volvieran a mirar esos dos ojos negros a los que tanto me acostumbré a amar.
¿Sabes?
Antes de recibir la última carta que me enviaste, mi marido tuvo una de sus brillantes ideas y decidió mandar podar el árbol centenario. Lloré, pero no pude evitarlo. Me ignoró. Pasé toda la noche a orillas del lago. No es capaz de imaginar la importancia que tenía ese árbol para mí.
También encontré por casualidad, en uno de los baúles antiguos, entre montones de vestidos viejos, mi pequeño cuaderno incompleto, intacto.
Ahora lo guardo en mi escritorio, bajo llave.
Pero había aún algo más en aquél viejo mueble. Entre telas que lo protegían, tal y como lo había dejado, apareció el móvil que me hiciste y me regalaste. Lo debí guardar al poco de casarme, mucho antes de recibir tu primera carta. Y no he podido evitar limpiarlo y colgarlo en el sitio de siempre.

Cada mañana, cuando comienza a despuntar el alba, me siento en una mecedora, donde se encontraba mi cama. Las primeras luces de la estación cálida comienzan ya a incidir sobre los cristales cuadrados y triangulares, inundando la habitación de los arco iris más bellos.
La única diferencia es que sé que nadie volverá a golpear suavemente el alféizar, esperando a que me levante.


5 comentarios:

Natsu dijo...

No se que comentarte que no sepas.
Buen trabajo.

Nayi dijo...

Oh... qué bonito. *-* Pero oye, ¿es la carta que le envía Irene a Ismael? Ya casi no me acuerdo del libro... xDDD

Sae dijo...

O_O WOW! Me he quedado sin palabras.
Eso sí, por el comentario de Nayi, veo que hay más historias...¿O es un fanfic xD?
No lo sé, pero si tienes más historias de este tipo, me encantaría leerlas ^^

Uka dijo...

Nayi, no tiene nada que ver con Irene e Ismael. De hecho, el nombre lo elegí al azar: uno entre muchos que me gustan. Y la chica que envía la carta se llama Alejandra. Son historias completamente distintas.
Sólo quería escribir algo así en forma de carta, epistolar supongo.
Además, lo hubiese puesto al final del todo.
Y a Sae, lo cierto es que relatos de amores todo el tiempo tampoco me gustan xD, pero podría hacer otra con un tipo de amor diferente.

Hoshi dijo...

Hay veces que la mejor respuesta es el siencio.
La verdad es que es precioso, y a la vez triste.

PD: palabra de verificación:
Entiogra (en-ti-ogra) xDD