domingo, 18 de septiembre de 2011

El lenguaje

No sé si será cosa mía que estoy paranoica perdida, o esta cuestión se la ha presentado a alguien más.
Desde hace bastante tiempo, siento una especie de curiosidad hacia el lenguaje y el significado de las palabras. Y que sepáis que en esto no tiene nada que ver Wittgenstein, ni su teoría, ni su amor al lenguaje, ni que el propio autor me permitiera sacar una muy buena nota en Filosofía de la Selectividad. No. Es una cosa que ya llevo planteándome desde hace bastante tiempo, como he comenzado diciendo.
El caso es que, por más que le doy vueltas al asunto, no consigo encontrar el sentido a las palabras. Es cierto que son necesarias, en cierto modo, puesto que nos sería más difícil (o no, eh, que podríamos comunicarnos con nuestra propia conducta, nuestra manifestación de los sentimientos y más cosas, ¿o no?) de alguna manera comunicarnos. Al menos, supongo que yo, o cualquiera lo vería desde esta perspectiva ya que no podría imaginar una sociedad, una comunidad de humanos, que no utilizara la palabra. Aunque quién sabe, a lo mejor nuestra historia se hubiese desarrollado de un modo completamente distinto, ya que un pequeño discurso bien hecho, que provenga de una persona que sepa hablar, podría convencer a cualquiera de una idea totalmente opuesta o distinta de la que tenía en mente y que podría tener arraigada desde que nació. Como sea, muchas veces me pongo a pensar en una palabra cualquiera, en español para que nos sea más fácil, y visualizo en caso de que sea un objeto, la palabra en mi mente, con la forma de dicho objeto. Pero luego la analizo. Y me fijo que tiene unos caracteres que yo misma podría reinventar y cambiar por otros que pudieran representar lo mismo, y unos sonidos que aleatoriamente adjuntamos a los símbolos. Lo peor de todo es cuando esos sonidos ya me cambian al pensar en inglés por ejemplo, y me hacen ver que todo es completamente aleatorio y subjetivo. Lo mismo sucede cuando pienso en una palabra que no hace más que representar un sentimiento, o algo tan etéreo y abstracto que apenas podemos imaginar o incluso saber realmente lo que es. ¿Cómo podrías describir el odio por ejemplo? ¿Y por qué lo llamamos odio? No me valen explicaciones de que venga del latín, del griego o del nosecuantos, porque entonces la culpa (por decirlo de alguna manera) de que esas palabras sean así de subjetivas, no es nuestra, no es de ahora, sino desde el momento en que empezó la escritura. Así me pasa que cuanto más repito una palabra en mi mente, progresivamente deja de tener sentido y paso a preguntarme todo el tiempo si realmente es algo tan real e importante como parece que tiene que ser. No sé si me explico.

Pero entonces, a pesar de querer renegar a veces de los humanos, me doy cuenta de que el lenguaje y todas sus consecuencias son necesarias para nosotros. Con él cometemos errores, metemos la pata y en muchas ocasiones herimos a las personas. Pero también sirve para acompañar a nuestros gestos, para dar una mayor explicación a las cosas que hacemos o no, para pedir disculpas aunque no sean del todo sinceras, e incluso para quejarnos de nuestra propia creación. Porque es indudable que el ser humano necesita de estas cosas para poder sobrevivir.


2 comentarios:

Silhouette dijo...

No debería leer esto un domingo a las nueve y media de la noche, ¿sabes?
Podría dejarte un comentario súperprofundo y tal, pero sólo te voy a decir que todos pensamos en estas cosas, pero que no te rayes en exceso :3

Ohm dijo...

Qué genial esta entrada.

Choca darle vueltas a una palabra y decirla mil veces, y no entender por qué ese sonido y no cualquier otro, y por qué para tu cultura suena así y para otras de una manera totalmente distina. Supongo que todos les damos vueltas a esto, y no podríamos dárselas así si no tuviesemos palabras, ¿no?