lunes, 23 de enero de 2012

Burbujas

En primer lugar, y antes de escribir el cuerpo de la entrada en sí, quería felicitar a Silhouette, que hoy es su cumpleaños y la muy no nos lo contó D8. ¡Felicidades! Espero que lo hayas pasado genial hoy y todas esas cositas. Ahora, también espero acordarme para el año que viene, que yo con esto de las fechas soy muy mala.

Y coincidiendo con la felicitación, hoy os traigo una cosa bonita que me ha pasado hoy, así que espero que también le guste a nuestra cumpleañera. No sé si os ha pasado a vosotros también, si os habéis fijado en algún momento, o simplemente ni siquiera le habéis dado importancia.
Me gusta nadar. Aunque es algo relativamente nuevo, porque de pequeña tenía hasta pesadillas con la piscina a la que iba todas las semanas a aprender a mantenerme en el agua. Pero cuando pasas un año sin natación, te das cuenta de que eso cala (oh lol, es agua... cala, ¿lo pilláis? Bueno dejémoslo aquí. NO habéis leído nada). Que lo que te parece rutina llega a ser parte de ti, en cierto modo. No es que haya sido de esas personas a las que les gusta el fútbol, por poner un ejemplo, y se han tirado desde enanos en un equipo, haciendo partidos y participando en tropecientas competiciones locales y regionales. Una vez un profesor me propuso pasarme al grupo de competición, que tenían que entrenar tres días a la semana, más los sábados, que hacían cometiciones con otros participantes del resto de Madrid. Pero no pude aceptar, porque ese curso fue asfixiante, y bastante ya nos suponía a mis padres y a mí ir hasta la piscina (que está en un pueblo de aquí cerca) un día a la semana. Pero en fin, me estoy desviando del tema.

Desde hace poco vuelvo ir a natación, después de otro año sabático que me pasé en 2º de Bachiller, pero por libre. Claro que se nota. He perdido ritmo, técnica, resistencia y velocidad. Pero no me importa, porque aunque dudo de que pueda llegar al nivel que tenía antes, poco a poco noto que me canso menos y me puedo permitir mi media hora de ejercicio sin pinchazos, ni calambres, ni gemelos que deciden joderte viva (con perdón). Disfruto nadando, y en cierto modo me lo tomo con calma, aunque a veces me pico con la música hiperactiva que ponen a todo volumen en el gimnasio, o con los inquilinos que caen en la misma calle que yo.
Pero hoy me ha pasado algo curioso, que no me había dado cuenta antes. Estaba nadando a croll, casi llegando a un extremo de la calle, en el que tengo una enorme cristalera a modo de ventana por donde llega el Sol por la tarde. Me dio simplemente por mirarme las manos, cuando vi que mis dedos, concretamente mis uñas, parecían brillar. Reflejaban colores azules y plateados, pero la visión sólo duró unas décimas de segundo. Los pocos minutos que quedaban para que me fuera, me los he pasado nadando de frente, analizando el fenómeno: al introducir las manos en el agua, se crean burbujitas que parecen salir de mis mismos dedos de la mano. Estas burbujitas, simplemente reflejaron la luz, creando ese efecto brillante que sólo tiene la superficie del agua.

No sé por qué, pero me ha encantado. Me ha hecho sentirme más cómoda aún dentro del agua.

3 comentarios:

Aquarela dijo...

Precioso. Precioso.

Light Shine dijo...

Me ha encantado, tengo que probarlo algún día.

Silhouette dijo...

Calla, calla, qué envidia. A mí me encanta la natación desde pequeña, aunque no sea demasiado buena en ello y, justo cuando pensaba volver a hacer, resulta que los médicos no me dejan y tengo que esperar unos dos años. ¡¡En cuanto pueda me voy a dar un chapuzón de los que hacen historia!!
Y sí, las burbujitas que salen al meter las manos en el agua son fantásticas. Quién sabe, algún día igual nos vemos en una piscina, jajaja.