-Los otros niños. Has dicho que no parecen nada simpáticos.
-Es verdad.
-Pero ¿qué otros niños? ¿Dónde están?
Bruno sonrió y le indicó que lo acompañara. Ella resopló y siguió a su hermano (...).
-Están ahí fuera- dijo Bruno, mirando por la ventana (...).
Gretel se había detenido en el umbral; se moría de ganas de mirar también, pero algo en el tono de Bruno y en el modo como miraba la puso nerviosa. Su hermano nunca había conseguido engañarla y suponía que tampoco la estaba engañando en aquel momento, pero algo en su actitud la hacía dudar sobre si de verdad quería ver a aquellos niños. Tragó saliva, ansiosa, y rezó en silencio para que volvieran a Berlín en el futuro inmediato y no pasado todo un mes como había apuntado Bruno.
-¿Qué?- dijo el niño al volverse y verla plantada en el umbral, estrechando su muñeca-. ¿No quieres verlos?
-Claró que sí-replicó ella, y avanzó con paso vacilante.
Hacía una tarde radiante y soleada, y el sol salió por detrás de una nube en el preciso instante en que Gretel se asomó por la ventana; pero un momento más tarde sus ojos se adaptaron a la luz, el sol se ocultó de nuevo y la niña pudo ver exactamente a qué se refería Bruno.
El niño con el pijama de rayas
John Boyne