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domingo, 24 de junio de 2012

Estoy cansada.
Cansada de esperar y no ser esperada. De querer contar con los demás y no poder hacerlo porque parece que no les importo una mierda. Y sin embargo, estar ahí como una tonta, por si ellos me necesitan en realidad. Estoy cansada de tener el móvil encendido y conectado, por si alguien se acuerda de mí y me envía un mensaje preguntándome que qué tal, que qué hago, cualquier cosa que me indique que realmente me aprecia y no se olvida de mí. Harta de este estúpido pensamiento de que no le importo a nadie más que a mis familiares, y de que nunca nadie se interesará por mí. 

Estoy harta de las personas, de los que pretenden ser amigos y no lo son. De esta maldita e hipócrita sociedad donde no importa el daño que se inflija a los demás, mientras tú salgas bien parado. Pero sobre todo estoy cansada de no poder decírselo a nadie, de que no haya ninguna persona en la que pueda confiar. 

Hace tiempo dejé de creer en Dios. Ahora parece que también debo de dejar de creer en las personas.

sábado, 10 de abril de 2010

Ingenuidad. Miedo. Fin.

Una ciudad iluminada.

Noche. El miedo, la impotencia y las lamentaciones inundaban el ambiente. Calles repletas y taponadas de vehículos pretendían servir como vías de escape. Las luces, los rótulos luminosos, las ventanas abiertas de las casas donde las familias, al completo, luchaban por guardar todo lo que pensaban que podían cargar. Huyendo de la ciudad, encontrarían la salvación.

Ingenuidad.

Las aceras habían desaparecido bajo masas de personas que se desplazaban apelotonadas, algunas buscando a sus familias, otras huyendo hacia algún lugar o simplemente, corriendo aterrorizadas. Yo estaba quieta y miraba todo con un miedo paralizador, algo imposible de describir si no lo sientes. Todo había ocurrido por nuestra culpa, era más consciente que los demás. No corría porque sabía que no había donde ir. ¿Para qué huir de una ciudad si el mismo peligro dominaba las demás, las carreteras, los demás países? No conseguía entender qué pretendían. Pero no podía moverme, ni reaccionar, ni hablar. Simplemente llorar silenciosamente, en mitad de la calle, escuchando aterrada los llantos incesantes de niños pequeños, los gritos, los motores de los coches y sus pitidos insistentes.

Miedo.

Intenté mirar al cielo, a las estrellas, esperando algo quizá, pero no vi nada. Sólo un manto denso y oscuro, y edificios con caras burlonas que aspiraban a ser tan altos como las nubes. Entonces alguien me llamó. La voz de una mujer, desesperada, preguntaba dónde me encontraba, nosotros también íbamos a irnos de allí. Supe que no volvería a ver a nadie. Imaginé mi cara, con los ojos abiertos de par en par, antes de gritar nerviosa y llorando: "¡No se puede huir! ¿Es que no lo entendéis ninguno? ¡No hay lugar donde ir!".

Fin.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Agua

Pasaras por donde pasases, veías los patios llenos de garrafas de agua mineral.

Siempre me han educado concienciándome de que hay que tener mucho cuidado con la situación actual del planeta, y sobre todo y últimamente, del agua. Por ello, desde hace poco (las cosas como son), cuando ya he sido consciente del tema, he puesto el mayor cuidado en usar el agua imprescindible, no dejar el grifo abierto mientras me lavo los dientes o, al tirar de la cadena, usar un botón especial que utiliza mucha menos agua. Sin embargo, ha sido este mismo verano, este aún actual mes de Agosto, cuando me he dado cuenta que sin agua, no haríamos nada.
El mismo día que llegué creo que fue, dieron un pregón anunciando que no se podía beber directamente del grifo, porque estaba contaminada. Nada, ni beber, ni cocinar, ni lavarse los dientes siquiera. Sólo para fregar, ducharse y poco más.
Menudo palazo.
Tan acostumbrados que estamos todos a girar un pequeño mecanismo y obtener algo que necesitamos día sí y día también, y llegar a un lugar donde sabes que no podrás utilizarla.
Cuando volvía a las dos de la tarde, por las calles silenciosas y vacías, mostrando que todo el mundo estaba comiendo en sus casas ya, con una garrafa de agua mineral, caí en la cuenta de todo esto.
Dada la situación no debíamos malgastarla así como así, o dejar los vasos medio llenos al terminar de comer. No era cuestión de ser tacaños, sino consecuentes.
Así el comedor y la cocina se llenaron de dos tipos de garrafas: las que contenían el agua reservada para beber y las que tenían un agua cogido de una fuente supuestamente potable que estaban preparadas para cocinar.

No malgastaré ni una gota de agua. Quien sabe qué pasará en el futuro.

sábado, 28 de febrero de 2009

No es normal

No me gusta hablar de los problemas o asuntos ajenos, pero esto ya me supera.
¿Es normal que alguien no dé señales de vida durante meses y que encima te diga que lo único que quiere es dormir, y no estudiar, ni trabajar, ni salir, ni hablar, ni quedar con las amigas, ni saber nada de nadie? No es normal, y menos a estas edades.

Y lo peor de todo es que intentas ayudar a esa persona y te ignora, le pides que se esfuerce o la ofreces algo a cambio y ni lo intenta por mucho que diga. No se puede decir que sea alguien que esté sola, ni que no tenga personas que están pendientes de ella y dispuestas a colaborar en cualquier cosa casi. No, no es normal, y ya desquicia los nervios. Pero ya sabrá lo que hace. Yo no soy la que me estoy perdiendo la vida por una tontería, por muy fácil que sea verlo desde el exterior, a nadie le gustaría estar en esa situación, y estoy segura de que cualquiera intentaría hacer algo, por mínimo que fuese, y no actuar como si eso no fuera contigo todo el rato.

Llega un momento en que una se cansa de las tontunas de los demás, porque esto no deja de serlo.