Cansada de esperar y no ser esperada. De querer contar con los demás y no poder hacerlo porque parece que no les importo una mierda. Y sin embargo, estar ahí como una tonta, por si ellos me necesitan en realidad. Estoy cansada de tener el móvil encendido y conectado, por si alguien se acuerda de mí y me envía un mensaje preguntándome que qué tal, que qué hago, cualquier cosa que me indique que realmente me aprecia y no se olvida de mí. Harta de este estúpido pensamiento de que no le importo a nadie más que a mis familiares, y de que nunca nadie se interesará por mí.
Estoy harta de las personas, de los que pretenden ser amigos y no lo son. De esta maldita e hipócrita sociedad donde no importa el daño que se inflija a los demás, mientras tú salgas bien parado. Pero sobre todo estoy cansada de no poder decírselo a nadie, de que no haya ninguna persona en la que pueda confiar.
Hace tiempo dejé de creer en Dios. Ahora parece que también debo de dejar de creer en las personas.