Una ciudad iluminada.
Ingenuidad.
Las aceras habían desaparecido bajo masas de personas que se desplazaban apelotonadas, algunas buscando a sus familias, otras huyendo hacia algún lugar o simplemente, corriendo aterrorizadas. Yo estaba quieta y miraba todo con un miedo paralizador, algo imposible de describir si no lo sientes. Todo había ocurrido por nuestra culpa, era más consciente que los demás. No corría porque sabía que no había donde ir. ¿Para qué huir de una ciudad si el mismo peligro dominaba las demás, las carreteras, los demás países? No conseguía entender qué pretendían. Pero no podía moverme, ni reaccionar, ni hablar. Simplemente llorar silenciosamente, en mitad de la calle, escuchando aterrada los llantos incesantes de niños pequeños, los gritos, los motores de los coches y sus pitidos insistentes.
Miedo.
Intenté mirar al cielo, a las estrellas, esperando algo quizá, pero no vi nada. Sólo un manto denso y oscuro, y edificios con caras burlonas que aspiraban a ser tan altos como las nubes. Entonces alguien me llamó. La voz de una mujer, desesperada, preguntaba dónde me encontraba, nosotros también íbamos a irnos de allí. Supe que no volvería a ver a nadie. Imaginé mi cara, con los ojos abiertos de par en par, antes de gritar nerviosa y llorando: "¡No se puede huir! ¿Es que no lo entendéis ninguno? ¡No hay lugar donde ir!".
Fin.
3 comentarios:
Impactante. Hay tanta desesperación en las palabras del personaje... Me pregunto qué ha hecho para decir que no se puede huir.
Fantástico relato, es un gusto volver a leer cositas tuyas.
¡Saludos!
Me alegro mucho de que te haya gustado :3. Lo cierto es que no es un "personaje" ni "un relato"... Es un hecho, que espero no suceda nunca.
Oh, lo malo está en lo que "todos" han hecho, incluida yo.
¡Gracias por tu comentario! =)
Es realmente angustiante.
Publicar un comentario