Por un momento, cerremos los ojos.
Todos. A la vez.
Por un momento, dejemos de escuchar nuestra voz.
Y escuchemos lo que nos rodea.
Unos segundos sirven para darnos cuenta de muchas cosas.
Para saber que no sólo somos nosotros.
Esos segundos son valiosos, porque nos pueden ayudar a recapacitar.
A pensar en una solución.
E intentar frenar nuestra avaricia y ganas de destruirlo todo.
Con una sola vez, es más que suficiente.
Es una lástima que nunca lo hagamos.
2 comentarios:
Qué preciosidad, Uka... vaya.
Mmmmmmm... Genial....
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